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Materiales de Construcción


Con ellos se efectúa la materialidad de la arquitectura y de la ciudad toda. Llegan a su lugar de uso - la obra- con muy diversos grados de prefabricación y de industrialización, comprenden muy variados procesos productivos: primero, en fábrica o taller y después en obra, e implican la práctica de muchas técnicas desde las más primitivas artesanías como la de los ladrillos comunes, con pisadero de caballos y cocción despareja a cielo abierto, hasta los más complejos y actuales métodos industriales como algunos pasos de la producción metalúrgica,de pinturas, adhesivos, plásticos.

El ideal ampliamente convenido de revertir el proceso de deterioro del planeta con la realización de la consigna “desarrollo sostenible” en un siglo de plazo, impone una revisión crítica permanente en todos los campos de su aplicación que acompañe paso a paso la investigación tecnológica, gestando y divulgando una nueva cultura del consumo más austera y esencial.

Tomemos algunos ejemplos:

LADRILLOS COMUNES. Se hacen a expensas de grandes volúmenes de la capa de tierra que mantiene la vida; su uso debe ser erradicado inmediatamente y es posible reemplazarlos ya por otros ladrillos que insumen tierras más profundas, de explotación en cavas y no en grandes extensiones superficiales. Las grandes dificultades de su erradicación provienen de su ancestral arraigo -sólo comparable al de la madera- y de la extrema simplicidad de su elaboración que permite casi a cualquiera tomar la iniciativa, sin herramientas y en cualquier lugar.
CEMENTO. En su versión asociada con el acero (hormigón armado), es la clave técnica que explica la explosión urbana del siglo XX, el crecimiento en altura yla densificación poblacional. Ahora resulta prácticamente impensable su sustitución, dado el bajo costo, versatilidad formal y dimensional y por permitir resolver situaciones estructurales complejas de inmediato monolitismo.
MADERA. Recurso renovable y con una capacidad de degradación absoluta pero hoy objeto de una explotación desatinada, especialmente en los medios silvestres. Quizás es deseable que nunca deje de acompañar al hombre como uno de los más elocuentes símbolos de su pertenencia al organismo planetario de la vida, pero el control riguroso de su comercialización y de sus veleidosas y frívolas aplicaciones, es una de las primeras urgencias. Hay pueblos como los nórdicos y, particularmente el norteamericano, que fundan toda su historia y su cultura en el uso de la madera: la industrialización del clavo les permitió, llevando sus pueblos prefabricados en las carretas, ocupar el inmenso e inhóspito “far west” y no se puede concebir una escena representativa de su cotidianeidad comunal sin alguna presencia de su arraigado temor al fuego. Los cambios radicales que les sobrevendrán admiten algunos pasos intermedios que ya están en marcha, como el uso de placas compuestas y de aglomerados a base de virutas, que a pesar de no haberse desarrollado aún aglomerados no tóxicos de eficacia comercial, reducen totalmente los desperdicios de la madera.
El proceso de industrialización de la construcción de edificios es lento, porque las costumbres y las necesidades sociales requieren una variedad de modelos o tipos dificilmente compatibilizable con las conveniencias simplificadoras de la industria; pero a su vez inexorable, porque con el carácter artesanal de los oficios que ejecutan las obras, no es posible hacer frente a las grandes demandas potenciales que hoy en todo el mundo son, en su mayoría, sólo necesidades.

En algunos lugares y momentos de la historia, como en las regiones desvastadas por la 2da. Guerra Mundial, o ante planes de asentamientos de gran escala y duración, el proceso de industrialización se aceleró y se desarrollaron sistemas prefabricados pesados completos, a base de hormigón armado; en esencia, ambientalmente sanos. Estos incentivos no son permanentes; cuando desaparecen, la industria tiende a diversificarse y a desarrollar partes, que generan sistemas llamados “abiertos” en los que se combinan elementos diversos y de muy variada procedencia. Así, entran en los edificios materiales nuevos (no tradicionales) muchas veces experimentales, y con ellos los riesgos de toxicidad. La presencia de componentes tóxicos en los materiales de construcción, resulta especialmente grave porque con ellos se conforman espacios habitables cerrados, para largas permanencias humanas, con funciones tales como dormir, albergarse o trabajar. Algunos ejemplos cuya utilización está en auge: preservadores de madera con base pentaclorofenol (Penta); laminados, aglomerados o plásticos con formaldehido (o derivados); tubos, cañerías, aislantes e ignífugos que contienen y potencialmente liberan asbesto (cancerígeno); pegamentos y aditivos varios; pinturas con plomo u otros tóxicos.

Las normas de aplicación de materiales en los edificios son de jurisdicción municipal: un sinnúmero de códigos dispersos y sin renovación sistemática. Las normas que regulan la producción industrial, además de insuficientes, están dirigidas a un sector con una arraigada costumbre de violarlas, consolidada en largos años de ineficiencia de los controles.
Los caminos para superar este estado de cosas:

a) inculcar conciencia en los profesionales de la construcción y en los usuarios para que no dependan solamente de los fabricantes en el asesoramiento sobre nuevos materiales.

b) promover entre los técnicos e investigadores una actitud de amplia divulgación y educación generalizada (formal e informal) para toda la población. Valga esta Enciclopedia como ejemplo.

c) transformar el sistema legal en función de los ritmos y peligros actuales de la innovación tecnológica.

d) efectivizar el cumplimiento de los controles necesarios.